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Mis emociones

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Se me hace complicado estos días controlar las emociones, o mejor debería decir controlar la intensidad de las emociones, sobre todo las negativas. La irascibilidad se esconde detrás de cada negación o de cada pequeña frustración diaria sea por algún objeto que se cae, una respuesta adversa o un retraso inesperado. Noto que me enfurruño en seguida, que mi primera reacción es arrugar la nariz, cagarme en algo y pensar en negativo. Generalmente, trato de evitar la respuesta primera, la que sale de las vísceras, cuando es perjudicial porque precisamente estos días estamos todos especialmente sensibles y no quiero que cualquier conversación se convierta en un combate de reproches, pero cada vez me cuesta más. No hace mucho, pensaba, reprimía el primer impulso negativo-agresivo y continuaba con la labor pensando aquello de “no empecemos una batalla por una gota de lluvia”. Posteriormente pasé a verbalizarlo “en privado”, solo para mí, para poder soltar algo de tensión y no generar pele...

La triple por

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Després de 20 dies confinat, per fi m'atreveixo a pensar una mica en tot plegat i puc reduir les meves angoixes a la triple por. D'una banda, la por laboral. Després de vuit anys d'incertesa, amb feines i feinetes poc duradores i etapes de pedregar aturat, ara que semblava que trobava en el camí de la formació un senderi transitable, aquest daltabaix està movent totes les estructures i que no m'hagi tocat el rebre encara no vol dir que no em toqui demà. I si em toca soc conscient que serà per molt llarg, si es que torno a trobar feina. La segona és la por física. Tot i que encara estic teletreballant, els sistemes ens estan fent la punyeta i acabarem anant a la oficina més d'hora que tard. Quan això passi, altre cop la por a contagiar-me i passar-ho als de casa em neguiteja. La tercera és la por anímica. La convivència a casa encara és bona però ja em sento especialment irascible i qualsevol comentari em sembla un atac i em molesten ja pautes i costums, ta...

¿No tenéis bolígrafo?

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¿No tenéis bolígrafo? La otra mañana en la oficina, estaba enfrascado en la redacción de una valoración de calidad en base a una escucha telefónica cuando una voz me sacó de mi ensimismamiento. ¿Me podéis dejar un boli? Un operario de mantenimiento estaba cambiando los fluorescentes fundidos de la oficina, cuando trató de rellenar unos informes y vio que no tenía con qué escribir. Se dirigió confiado hacia el rincón donde trabajo junto a algunos operadores. Supuso que en una oficina “normal”, si algo tiene que sobrar, son bolígrafos. Una compañera sin llamada y yo saltamos casi al unísono: No podemos. No nos dejan ¿No tenéis bolígrafo? Y el tipo se quedó helado sin saber qué hacer ni qué decir. No puedo rellenar el informe, esta gente no tiene bolígrafo… Ante lo que reflejaba su cara, lo envié a instancias superiores a ver si alguien le podía proporcionar “el artefacto”. En mi trabajo, hay aspectos peculiares que hay que guardar y, en ocasiones, el bolígrafo se co...

Efemérides

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EFEMÉRIDES Soy bastante de recordar efemérides. Tal día como hoy hace 12 años empezaba un viaje, hoy hace 4 años participé en una carrera reivindicando a unos ex-compañeros que tenían problemas en su trabajo, ayer hizo ocho años de una escapada romántica con mi pareja. Cada cierto tiempo me planteo y recuerdo ciertos acontecimientos. Exactamente hoy hace un año, y después de un periodo de inactividad laboral forzosa empezaba humildemente un trabajo de cinco horas como operador telefónico de recepción de llamadas para una conocida marca de yogures. Después de meses de búsqueda infructuosa de un trabajo, dejé de enviar solicitudes y me decidí por el contacto directo. Fui a ver Cristina, una antigua jefa con la que había trabajado en varias etapas. Y lo hice casi a la desesperada porque necesitaba que alguien creyera en mí. Cristina lo hizo, se acordaba de mí y me quería en su equipo. En aquel momento, solo podía ofrecerme un trabajo a tiempo parcial y entrar por ETT, con todo...

DE VEZ EN CUANDO UN OASIS

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Gracias a un buen uso de estrategias hábiles para usar la compensación de festivos es posible provocar que de vez en cuando aparezca un oasis en pleno desierto, con sus promesas verdes y jugosas. Una isla en medio del océano que permite avituallarse de todo lo necesario para la supervivencia. Una desconexión necesaria que implica un respiro, un alto para tomar aire y seguir hacia adelante. Un día libre en que meditar para tratar de descifrar por qué nos aferramos como lo hacemos a las cuotas de felicidad cotidiana, que no deja de ser un bien escaso. Descubrirse activo laboralmente y con una cierta estabilidad después de etapas de zozobra. Que te guste más o menos tu trabajo ya es una senda que hay que recorrer por pedregosa que sea. Sentirse cómodamente adaptado a la vida en pareja al lado de la persona con la que estás encaminado a envejecer. Y los primeros atisbos de lo que viene, pinceladas agudas que dificultan bastante acciones cotidianas como agacharse. Pero el ve...

Formador. Misión ¿imposible?

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He trabajado como formador “in company” para empresas de contact center durante varias etapas en mi vida. Actualmente continúo haciéndolo y muchas veces, como ahora, me siento sobreutilizado al verme convertido en “comodín” que, además de conocer el producto y su ADN, tiene contacto directo o indirecto con el cliente y sabe interioridades sobre la campaña. Estas “habilidades” intrínsecas al puesto hacen muy apetecible utilizar (y por ende abusar) de la figura del formador para menesteres de diferente índole como coordinador de un grupo de agentes, control de sala durante las etapas en que no está presente la figura titular (fines de semana, festivos…), control de llamadas entrantes y salientes, representante de la empresa ante la figura del cliente, corrector de errores propios y ajenos, supervisor de tareas de agentes, back office o similar y, claro está, control de calidad. Todo ello con la voluntad de la mejora del servicio, todo ello con la búsqueda de reducir el gasto de pe...

Portazo

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¿Por qué abandonamos las empresas? Esta semana he abandonado el trabajo que tenía y ni siquiera he concedido los 15 días de pre-aviso. Lo he hecho con una mezcla de alivio y pena por dejar una labor que me apasionaba y unos compañeros a quienes apreciaba. Pero la política de la compañía para la que trabajaba, que ha adquirido recientemente la política de gestionar con la amenaza y el miedo, inició mis dudas. De la noche a la mañana, me vi cuestionado y vigilado. Se me impuso el sistema del “ordeno y mando” por el cual la responsable mandaba y yo obedecía. Y no se me permitía ni rechistar, ni opinar, ni siquiera pensar. “Olvídate de dar ideas; aquí mando yo y tú haces lo que yo diga”. Cuando recibes este tipo de advertencias, cuando te sientes como una mera pieza dentro del engranaje, cuando ves que se te va a exprimir como un limón y tu trabajo se minusvalora una y otra vez, valoras opciones distintas. Cuando te ningunean como persona, cuando te acorralan en una sala po...