Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como pausa

Descansado

Imagen
  Así me siento; este año he acertado con los días de vacaciones. Suelo coger ocho-diez días a finales de agosto, y a veces no solo se hace corto, sino que el empalme con las jornadas laborales habituales provoca alguna turbulencia emocional. Este año lo he alargado a 13 días y la longitud de los días de descanso ayuda a la desconexión. He caminado, he practicado en noble arte de la siesta, he abierto mis ojos a espectáculos naturales, he degustado manjares preparados a la manera del Pallars con materia prima de calidad, me he aireado y soleado a partes iguales, he escuchado silencios y algún pájaro cantor o carpintero, he visitado bosques, ríos y estanques, he visto estrellas, he conducido por carreteras de curvas, he bebido vino, he admirado algunos campanarios de arquitectura variada, he dejado que el atardecer me encontrara admirándolo directamente, sin tener que hacer nada más. Me he dejado llevar por el arrullo de la corriente de un río, simplemente escuchándolo; he subi...

Personas vs rentabilidad

Imagen
Por suerte o por desgracia vivimos en una sociedad donde la rentabilidad es básicamente lo importante, no parece haber nada más. Es el dios de nuestros días. En nombre de la rentabilidad se sacrifican diariamente espíritus, ideas, voluntades, capacidades, disensiones y personas. Ayer me encontré con una situación característica. En mi grupo de operadores telefónicos entró una chica nueva que comenzaba tras un periodo de formación -como siempre corto e insuficiente. Como inició su jornada media hora antes de que yo entrara, apenas pude saludarla. Le entregué cuatro datos sobre conexiones y horarios de descansos y me sumergí en mi vorágine diaria rodeado de papeles, consultes, informes y las urgencias cotidianas. En un momento determinado, la miré con la mano levantada, sufriendo al no recibir ayuda de la persona que se dedica a apoyarlos porque éste estaba ocupado con otros operadores. Me levanté para trata de ayudarla y se puso a llorar amargamente desbordada por la compleji...

La sobreestimulación como enemiga del disfrute

Imagen
Recibimos tal cantidad de estímulos a diario que cargamos nuestro recipiente de sensaciones recibidas hasta recalentarlo como un enchufe abarrotado de clavijas. Nuestro centro neurálgico recibe tantas novedades innecesarias y de manera tan continuada que el ánima de recepción de mensajes sobrevive flotando en el tedio, lánguida ante la repetición de medianías insustanciales. Es necesario “cerrar” tanto acceso para centrarse en una o unas pocas entradas con el fin de poder disfrutarlas como se merece y en condiciones. Hay que aprender a cerrar los ojos y abrir los demás sentidos. Agudizar el oído paseando en el monte, buscando tonalidades diferentes en roces, voces y soplos; concentrar la recepción de sensaciones del tacto en la epidermis más exterior buscando el detalle del contacto por nimio que resulte; calibrar ese aroma de café recién hecho -aunque se hayan apropiado de él los anuncios- y paladear pausadamente ese manjar para poder apreciar el sedoso dulce de la miel mezclado...