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Portazo

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¿Por qué abandonamos las empresas? Esta semana he abandonado el trabajo que tenía y ni siquiera he concedido los 15 días de pre-aviso. Lo he hecho con una mezcla de alivio y pena por dejar una labor que me apasionaba y unos compañeros a quienes apreciaba. Pero la política de la compañía para la que trabajaba, que ha adquirido recientemente la política de gestionar con la amenaza y el miedo, inició mis dudas. De la noche a la mañana, me vi cuestionado y vigilado. Se me impuso el sistema del “ordeno y mando” por el cual la responsable mandaba y yo obedecía. Y no se me permitía ni rechistar, ni opinar, ni siquiera pensar. “Olvídate de dar ideas; aquí mando yo y tú haces lo que yo diga”. Cuando recibes este tipo de advertencias, cuando te sientes como una mera pieza dentro del engranaje, cuando ves que se te va a exprimir como un limón y tu trabajo se minusvalora una y otra vez, valoras opciones distintas. Cuando te ningunean como persona, cuando te acorralan en una sala po...

Buenos días irónico

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Cuando nos sumergimos en aquellas vorágines laborales de archivos, gestiones y todo el “papeleo informático” que rodea nuestro rutinario transitar por el estrés diario a veces nos aislamos de tal manera que el trato humano entra en su fase más débil. Aquella efectividad acelerada que te imponen resta tanta empatía entre nosotros hasta el punto de no interactuar más que para la burocracia instalada en el mundo de una empresa cualquiera. Trabajo, trabajo, trabajo. Por eso, reivindico el humor, que una pequeña salida de tono jocosa, o una burla ante la autoridad competente relaja la tensión, crea unión de grupo, ese cemento necesario para crecer. Un comentario afilado sobre algún resbalón ortográfico ajeno y algunas risas compartidas forman equipos de gente muy heterogénea que aprende a remar hacia adelante. Ese apunte socarrón de un compañero veterano que ya ha pasado por muchas guerras. Tiene mucha mili… Te hace sonreír. Las micro-conversaciones en la sala de descanso, curiosa m...

Superviviente

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Superviviente Siempre serás un superviviente. Me lo dijo Álex hace ya algunos años, en una de nuestras escasas reuniones, que gira habitualmente alrededor de una cena. Debió ser en una de mis etapas de desierto, donde me quedo sin trabajo y tengo que volver a empezar. Y miro, y miro, y me harto de buscar una alternativa al sector, pero no hallo el camino. Acabo en las garras del demonio telefónico. Más de la mitad de mi vida laboral ha revoloteado siempre en torno a ese inframundo. Cuando le ves la peor cara a este entorno, fétida y malparida a más no poder, te acorrala contra las cuerdas de la resistencia anímica. En los momentos donde el menosprecio por la labor realizada y la agresividad recibida te hace tambalear me acuerdo del gran Bukowski. Como nadie sabe retratar a esta sub-especie de individuos que suele vestir disfraces de supervisor o gerente. “… y al final del pasillo había un supervisor, otra Roca, con aquel aspecto en sus caras… Te miraban como si fu...

Personas vs rentabilidad

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Por suerte o por desgracia vivimos en una sociedad donde la rentabilidad es básicamente lo importante, no parece haber nada más. Es el dios de nuestros días. En nombre de la rentabilidad se sacrifican diariamente espíritus, ideas, voluntades, capacidades, disensiones y personas. Ayer me encontré con una situación característica. En mi grupo de operadores telefónicos entró una chica nueva que comenzaba tras un periodo de formación -como siempre corto e insuficiente. Como inició su jornada media hora antes de que yo entrara, apenas pude saludarla. Le entregué cuatro datos sobre conexiones y horarios de descansos y me sumergí en mi vorágine diaria rodeado de papeles, consultes, informes y las urgencias cotidianas. En un momento determinado, la miré con la mano levantada, sufriendo al no recibir ayuda de la persona que se dedica a apoyarlos porque éste estaba ocupado con otros operadores. Me levanté para trata de ayudarla y se puso a llorar amargamente desbordada por la compleji...

Motor

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Sé por experiencia propia que el motor que nos mueve son las ganas. Si tienes ganas, si te sientes motivado, trabajas, rindes, colaboras, ayudas, concretas, apoyas, mueves, piensas en positivo, creas, desarrollas, cultivas, amplias. Ya sea a nivel laboral, personal o familiar. Pero si en el carburador de tu alma entra la carbonilla del desánimo, anida la mugre del desaliento o se pega el desconsuelo a las juntas, el motor no se para pero ralentiza el movimiento y baja en prestaciones. Se echa en falta la vitalidad, el empuje necesario para abarcar en condiciones cualquier proyecto. Por eso es tan importante saber motivar(se). Con motivación podemos con lo que se nos ponga por delante aunque sea duro, largo o difícil. Sin motivación, funcionamos sin convicción, a medio gas y el rendimiento es gris y anodino. En este contexto es donde el equipo juega un papel fundamental. Si el equipo cree, se distribuye, se prodiga en ayudas y asiste a sus miembros, los engranajes se lubrican y gir...

Amabilidad

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Amabilidad Llevo algunos años en el mundo de la atención al cliente en diferentes vertientes y me doy cuenta de una realidad que afecta a la relación y el contacto habitual con clientes. De un tiempo a esta parte, las prisas, la presión y el ritmo de vida diario cada vez más acelerado han convertido una conversación entre un cliente y el representante de la empresa o un contacto entre un usuario y el portavoz de un proveedor en una actividad frenética repleta de dificultades técnicas, logísticas o de organización. Como clientes, cada vez más queremos rapidez, veracidad y eficiencia. Como representantes, cada vez se exige más velocidad, instantaneidad, y reducción de espacio de contacto para añadir número de contactos.   Este choque de necesidades implica -cada vez más- una manera de interactuar que va del contacto frío al intercambio gélido de palabras entre dos personas. Por una parte, nos disgusta relacionarnos con máquinas porque son impersonales, pero por otra nos...

Sembrar

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Sembrar cordialidad por allí donde pasas supone una serie de ventajas. Una de ellas, que vas a recibir lo mismo por parte de una mayoría de tus semejantes que responden con una sonrisa a una buena palabra o un deseo. Por otro lado, si debes volver a recorrer ese camino, aquella cordialidad que sembraste en su momento, cosechará su frutos y podrás trancurrir por ella de manera cómoda. Si eliges esta vía como forma de ser, notarás sus beneficios expresados en saludos cordiales,palmaditas en la espalda, amplias sonrisas y alguna carcajada estentórea que se escapará para añadir banda sonora a la positividad. Exite otro camino, otra manera de hacer las cosas, pero si eliges sembrar discordia y aportas celos, desconfianza o burla, tal vez tu ego crezca en un primer paso y te sientas el más grande. Pero las almas pisoteadas o denigradas se convertirán en espinas si debes retornar por ese camino. Ya lo dice el refrán; quien siembra vientos...