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Superviviente

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Superviviente Siempre serás un superviviente. Me lo dijo Álex hace ya algunos años, en una de nuestras escasas reuniones, que gira habitualmente alrededor de una cena. Debió ser en una de mis etapas de desierto, donde me quedo sin trabajo y tengo que volver a empezar. Y miro, y miro, y me harto de buscar una alternativa al sector, pero no hallo el camino. Acabo en las garras del demonio telefónico. Más de la mitad de mi vida laboral ha revoloteado siempre en torno a ese inframundo. Cuando le ves la peor cara a este entorno, fétida y malparida a más no poder, te acorrala contra las cuerdas de la resistencia anímica. En los momentos donde el menosprecio por la labor realizada y la agresividad recibida te hace tambalear me acuerdo del gran Bukowski. Como nadie sabe retratar a esta sub-especie de individuos que suele vestir disfraces de supervisor o gerente. “… y al final del pasillo había un supervisor, otra Roca, con aquel aspecto en sus caras… Te miraban como si fu...

Personas vs rentabilidad

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Por suerte o por desgracia vivimos en una sociedad donde la rentabilidad es básicamente lo importante, no parece haber nada más. Es el dios de nuestros días. En nombre de la rentabilidad se sacrifican diariamente espíritus, ideas, voluntades, capacidades, disensiones y personas. Ayer me encontré con una situación característica. En mi grupo de operadores telefónicos entró una chica nueva que comenzaba tras un periodo de formación -como siempre corto e insuficiente. Como inició su jornada media hora antes de que yo entrara, apenas pude saludarla. Le entregué cuatro datos sobre conexiones y horarios de descansos y me sumergí en mi vorágine diaria rodeado de papeles, consultes, informes y las urgencias cotidianas. En un momento determinado, la miré con la mano levantada, sufriendo al no recibir ayuda de la persona que se dedica a apoyarlos porque éste estaba ocupado con otros operadores. Me levanté para trata de ayudarla y se puso a llorar amargamente desbordada por la compleji...

Motor

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Sé por experiencia propia que el motor que nos mueve son las ganas. Si tienes ganas, si te sientes motivado, trabajas, rindes, colaboras, ayudas, concretas, apoyas, mueves, piensas en positivo, creas, desarrollas, cultivas, amplias. Ya sea a nivel laboral, personal o familiar. Pero si en el carburador de tu alma entra la carbonilla del desánimo, anida la mugre del desaliento o se pega el desconsuelo a las juntas, el motor no se para pero ralentiza el movimiento y baja en prestaciones. Se echa en falta la vitalidad, el empuje necesario para abarcar en condiciones cualquier proyecto. Por eso es tan importante saber motivar(se). Con motivación podemos con lo que se nos ponga por delante aunque sea duro, largo o difícil. Sin motivación, funcionamos sin convicción, a medio gas y el rendimiento es gris y anodino. En este contexto es donde el equipo juega un papel fundamental. Si el equipo cree, se distribuye, se prodiga en ayudas y asiste a sus miembros, los engranajes se lubrican y gir...

Amabilidad

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Amabilidad Llevo algunos años en el mundo de la atención al cliente en diferentes vertientes y me doy cuenta de una realidad que afecta a la relación y el contacto habitual con clientes. De un tiempo a esta parte, las prisas, la presión y el ritmo de vida diario cada vez más acelerado han convertido una conversación entre un cliente y el representante de la empresa o un contacto entre un usuario y el portavoz de un proveedor en una actividad frenética repleta de dificultades técnicas, logísticas o de organización. Como clientes, cada vez más queremos rapidez, veracidad y eficiencia. Como representantes, cada vez se exige más velocidad, instantaneidad, y reducción de espacio de contacto para añadir número de contactos.   Este choque de necesidades implica -cada vez más- una manera de interactuar que va del contacto frío al intercambio gélido de palabras entre dos personas. Por una parte, nos disgusta relacionarnos con máquinas porque son impersonales, pero por otra nos...

Sembrar

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Sembrar cordialidad por allí donde pasas supone una serie de ventajas. Una de ellas, que vas a recibir lo mismo por parte de una mayoría de tus semejantes que responden con una sonrisa a una buena palabra o un deseo. Por otro lado, si debes volver a recorrer ese camino, aquella cordialidad que sembraste en su momento, cosechará su frutos y podrás trancurrir por ella de manera cómoda. Si eliges esta vía como forma de ser, notarás sus beneficios expresados en saludos cordiales,palmaditas en la espalda, amplias sonrisas y alguna carcajada estentórea que se escapará para añadir banda sonora a la positividad. Exite otro camino, otra manera de hacer las cosas, pero si eliges sembrar discordia y aportas celos, desconfianza o burla, tal vez tu ego crezca en un primer paso y te sientas el más grande. Pero las almas pisoteadas o denigradas se convertirán en espinas si debes retornar por ese camino. Ya lo dice el refrán; quien siembra vientos...

CONFIANZA

Después de pasar por un proceso de paro forzoso, demasiado largo aunque utilizado también para limpiar de telarañas negativas la mente y el espíritu, la autoestima suele resentirse. Por mucho que uno intente evitarlo, baja la autoconfianza, sube el temor a equivocarse y las pocas oportunidades que llegan pueden aparecer como lejanos oasis que si no fructifican supondrán una muerte segura en el desierto de la inacción. Por eso cuando aparece la figura de esa persona que te aporta confianza, que te da apoyo y confía en tu saber y tu saber hacer, renace el espíritu positivo y el alma arrugada por las contrariedades revive, vuelve a respirar y re-aprende a sonreír. Es increíble lo que otras personas pueden causar en la moral de uno, para bien y para mal. Pero hoy me centro en los espíritus benefactores, aquellos que ayudan, apoyan y creen. Gràcies, Cristina, per creure en mi.

M'he perdut / Me perdí

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Mentre trotava, anava buscant un camí i topo amb un racó de cases. Cerco una via pel seu darrere i m’ensopego amb el bosc. No hi ha camins ni sendes, però segueixo amb la falsa seguretat que més endavant hi haurà camí. Sense trobar-ho vaig fer esses introduint-me més i més a la vegetació. Arbres cada cop més alts, la frondositat impedeix el pas franc i començo a preocupar-me. No veig pas endavant, ni als costats, ni el darrere. Només un riu, infranquejable. Torno? Tant de bo, però no sabria com. Segueixo endavant, no sé on soc. Mòbil amb mapa que només assenyala que estàs... al mig del no-res. Avançar, sí. Cap a on? Ni idea. M’he perdut. M’aturo. Pensa! Primer atac de pànic. Vuit tocades del vespre, s’està ponent el sol. Perdut enmig d’un bosc a 8000 km de casa sense que ningú no et conegui. Una tanca amb el rètol No trespassing i m’espanto encara un xic més: I si em prenen per un intrús? Gira cua a buscar pistes. Una figura fosca a la meva dreta es regira i desapareix entr...